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nutricional

¿Qué es?

Antiguamente las señoras del hogar se encargaban de elaborar el menú de la semana en casa; es decir, que es lo que íbamos a comer durante los 7 días siguientes. Empíricamente se encargaban de balancear las comidas tratando de incluir todos y cada uno de los alimentos como carnes, huevos, leche, menestras, pastas, frutas y verduras. Mi abuela llamaba a eso comer de todo; un dato muy importante es que se comía de todo, pero no todo el mismo día, más bien se comía ordenadamente; dándole no solo a cada día algo variado sino algo realmente agradable y nutritivo.

Hoy en día se come demasiada grasa y en realidad la variedad y el balance en la comida se limita a las hamburguesas del lunes, la pizza del martes, el pollo frito del miércoles, etc. y todo claro con abundantes papas fritas, bebidas gaseosas y muchas golosinas y snacks, todos los días.

Las llamadas “enfermedades de la civilización”: hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos de la conducta alimentaria e incluso ciertos tipos de cáncer se relacionan con una alimentación “desequilibrada”.

No es, normalmente, una relación directa de causa-efecto, pero sí supone uno de los factores que contribuye a aumentar el riesgo de aparición y desarrollo de dichas enfermedades.

La pirámide nutricional que antiguamente decía que había unos alimentos más importantes que otros, hoy en día ha dado paso a la nueva pirámide nutricional que nos dice que todos los alimentos son importantes y que dentro de cada grupo hay algunos más importantes que otros……ese quizás es el verdadero concepto de lo que es una “alimentación balanceada”; comer de todo pero con patrones adecuados en cuanto a variedad, calidad, horarios y definitivamente, un buen sabor.

¿Cómo planificar las comidas?

  • Incluir gran variedad de alimentos, pero no en grandes cantidades.

  • Variar al máximo el tipo de alimentos dentro de cada grupo, distintas verduras, frutas, pescados, carnes de ave y res, menestras, legumbres, etc.

  • Respetar los horarios de comidas y no saltarse ninguna.

  • Moderar el consumo de grasas de origen animal ya que grasas saturadas que tienden a aumentar el colesterol; es bueno asimismo controles médicos periódicos.

  • Eliminar la grasa visible (piel y sebo) de carnes y aves antes de su cocinado.

  • Escoger preferiblemente con mayor frecuencia las carnes más magras: pollo, pavo, conejo, ternera, lomo de res, etc. Asimismo desgrasar los caldos en frío antes de emplearlos en la elaboración de sopas y caldos.

  • Limitar el consumo de fiambres y embutidos, ya que tienen demasiada grasa y colesterol. Espaciarlos quizás solo una a dos veces por semana.

  • Consumir lácteos bajos en grasa como leches descremadas, yogurt y quesos frescos por lo menos uno de ellos al día.

  • Comer, al menos, dos veces pescado a la semana.

  • Tomar, cuando menos, dos frutas al día, procurando incluir siempre un cítrico (naranja, limón, mandarina…)

  • Incluir diariamente verduras, una en forma cruda todos los días.

  • Legumbres, pastas alimenticias y arroz, entre dos y cuatro veces por semana

  • Incluir cada día cantidad suficiente de cereales como el pan.

  • Limitar el consumo de alimentos muy azucarados y de sal.

  • Beber entre litro y litro y medio de agua al día (4-6 vasos)

  • Se recomienda especialmente el aceite de oliva pero también son interesantes otros aceites de semillas: girasol, maíz, soja (todos ellos, con grasas insaturadas cardioprotectoras). No utilizar el mismo aceite para freír más de dos veces. Evitar cocinar con Mantequilla y margarina, van mejor en crudo.

  • Distribuir la alimentación en tres comidas principales (desayuno, comida y cena) e incluir algo ligero a media mañana o como merienda (media tarde), adaptar según horarios y necesidades particulares

  • Son más adecuadas, en general, las técnicas culinarias que menos grasa aportan a los alimentos: al agua o cocido, hervido, vapor, escalfado, a la plancha, horno y papillote. Consumir moderadamente frituras, arrebozados, empanizados, guisos y estofados (desgrasar en frío mejora su conservación y su calidad nutricional)

  • Para que la comida resulte más apetitosa se pueden emplear condimentos como hierbas aromáticas, especias, inclusive nuestro sabroso ají

 

 

psicologico

¿Qué es?

Desde hace años el tratamiento para la obesidad se ha basado en dos pilares fundamentales: los planes de alimentación hipocalóricos y la incorporación de la actividad física.

El desbalance entre la energía que ingresa y lo que se gasta genera un sobrante de energía que se deposita en forma de grasa en los tejidos del organismo. Aún hoy, muchos de los profesionales de la salud basan el tratamiento sólo en estos principios.

La modificación de hábitos alimentarios y la actividad física son esenciales para bajar y mantener un peso saludable, pero para ser sostenidos en el tiempo es necesario prestar atención a otras variables.

Abundan investigaciones en donde la dieta hipocalórica y el ejercicio producen una disminución inicial en el peso de personas obesas (casi todas bajan al comienzo de los estudios), pero a largo o corto plazo casi el 90 % recupera el peso con el que habían comenzado el tratamiento, y muchos lo superan.

A pesar de ser muy poco considerados, los aspectos psicológicos y familiares juegan un papel decisivo en la producción y mantenimiento de la obesidad, y por lo general nunca se abordan.

Estos factores psicológicos, precipitan y perpetúan el consumo exagerado de alimentos y deben ser tomados en cuenta si se pretende mantener un peso, luego de haber alcanzado el ideal o deseable.

El abordaje y tratamiento de las características psicológicas es de fundamental importancia, pues de lo contrario el paciente no es capaz de comprometerse adecuadamente con el tratamiento y en general tiene mayor dificultad para bajar de peso y/o mantenerlo.

Este conjunto de emociones y comportamientos que se vinculan con la sobrealimentación generalmente se presentan en combinaciones más o menos complejas y son diferentes para cada persona.

No debe olvidarse que el ser humano es un ser bio-psico-social, y como tal obliga a que todas las terapias sean enfocadas desde esta perspectiva, y el tratamiento de la obesidad no queda excluida.

Si bien no se ha demostrado que exista una personalidad específica del obeso, estos sufren, con gran frecuencia, diversos trastornos psicológicos respecto de los sujetos no obesos por ciertos trastornos del YO.

Los factores que intervienen no dependen de una determinada personalidad en sentido estricto, sino de fallas parciales de cada una de esas estructuras psíquicas

Existe una dificultad que tiene el obeso para identificar sus propias sensaciones, no pudiendo – distinguir hambre de saciedad ni hambre de otras emociones que le embargan cotidianamente. La consecuencia de esto, es el comer como respuesta a las emociones más diversas. . Si se buscan factores comunes en las distintas personalidades se encuentran construcciones subjetivas semejantes a la de los adictos y sufrientes de La personalidad adictiva es aquella, que no solo tiene necesidades físico-químicas ,sino también un estado emocional particular relacionado con factores químicos (neurotransmisores y neurorreceptores) conectados a los sentimientos y a las necesidades biológicas de cada individuo.